La saga:
viernes, octubre 10, 2008
jueves, octubre 09, 2008
713. educación 2020
¿Es posible lograr que el 20% más pobre de los estudiantes tenga la misma calidad de educación que el 20% más rico en el año 2020?
Juan Eduardo García Huidobro: "estoy un poco atravesado con la propuesta..."
Diputada Marcela Cubillos: "¡Sí se puede!"
martes, octubre 07, 2008
sábado, octubre 04, 2008
martes, septiembre 30, 2008
710. ¡que nadie los separe!
Dos tipos fueron a encerrarse al baño de hombres de la escuela secundaria 26 de julio para arreglar cuentas. Algunos cómplices, no sabría precisar el bando, amenazaron con hacer picadillo al que se atreviera a separarlos. Los otros dos se estaban dando durísimo, sonaban los piñazos “¡puf, paf!”, hasta que se enredaron y empezaron a rodar por el inmundo y asqueroso suelo del baño. Me fui en ese momento, no quise seguir viendo el espectáculo.
La saga:
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domingo, septiembre 28, 2008
709. una razonable cantidad de dolor
Pocas imágenes me habrán quedado tan grabadas en la memoria como la de Antonella Ríos vistiendo un improvisado bikini de crema chantilly en Los Debutantes , la primera película del cineasta Andrés Waissbluth. Recuerdo que la actriz fue alguna vez candidata a reina guachaca y perdió, injustamente desplazada por Tonka Tomicic. Quienes no se hayan contado entre las cien mil personas que vieron la película, pueden bajarla gratis en: http://www.199recetas.cl/.
El nombre del sitio web alude al segundo largometraje de Waissbluth, 199 recetas para ser feliz , que acaba de estrenarse en cines. Basado en un cuento de Marcelo Leonart, el filme relata el itinerario de tres personajes cuyas órbitas se van acercando como los extremos de una boleadora que se ha enrollado en el blanco, hasta que sucede lo inevitable y la historia termina, pero no la voy a contar aquí.
La escena que más recordaré de este segundo filme es la de dos chicas que se ponen a bailar un lento en homenaje al fallecido amante de una de ellas. La canción que suena es “Detén el invierno”, de Nutria, lejos una de las más bellas que se han compuesto jamás en cualquier idioma. No me explico por qué las radios chilenas no pasan a Nutria si es lo mejor que tenemos.
Volviendo a la película, al igual que Helena, personaje encarnado por Tamara Garea, pienso que 199 son demasiadas recetas para la felicidad. Yo tengo una sola: respetar el dolor. Creo que la infelicidad viene de malentender la felicidad como una constante búsqueda de placer, porque si uno pone la vida en función de eso va a obtener una frustración muy grande.
El placer persistente embota los sentidos, adormece y llama a la inacción. Las personas expuestas al placer demasiado tiempo engordan y se vuelven estúpidas. Una razonable cantidad de dolor, en cambio, ayuda a mantenernos alertas y a investigar de dónde viene y a dónde conduce todo esto. De modo que uno debe ser capaz de mantener el equilibrio, sin exagerar en ninguno de los dos sentidos, aunque, por desgracia, casi nunca se tiene la posibilidad (o la capacidad) de elegir. Quienes se hayan pasado de tragos en las fiestas dieciocheras lo corroborarán.
Por otra parte, la víspera del 18 de septiembre, mientras mis compatriotas empinaban el codo, hice patria viendo la última película de Andrés Wood, La buena vida , y la encontré excelente. Tanto ésta como 199 recetas para ser feliz resuelven guiones que parecen no tener salida, en un final que nos deja con una sensación liberadora. Uno sale de la sala de proyección más tranquilo, y con ganas de seguir viendo cine chileno.
Wood se llama igual que Waissbluth: Andrés. Si la hermana de cualquiera de ambos se hubiera casado con el otro, habrían tenido hijos con los apellidos Wood Waissbluth o viceversa. Curiosa combinación fonética. Quizás llamarse Andrés y tener una W en el apellido sea una garantía de calidad cinematográfica.
El nombre del sitio web alude al segundo largometraje de Waissbluth, 199 recetas para ser feliz , que acaba de estrenarse en cines. Basado en un cuento de Marcelo Leonart, el filme relata el itinerario de tres personajes cuyas órbitas se van acercando como los extremos de una boleadora que se ha enrollado en el blanco, hasta que sucede lo inevitable y la historia termina, pero no la voy a contar aquí.
La escena que más recordaré de este segundo filme es la de dos chicas que se ponen a bailar un lento en homenaje al fallecido amante de una de ellas. La canción que suena es “Detén el invierno”, de Nutria, lejos una de las más bellas que se han compuesto jamás en cualquier idioma. No me explico por qué las radios chilenas no pasan a Nutria si es lo mejor que tenemos.
Volviendo a la película, al igual que Helena, personaje encarnado por Tamara Garea, pienso que 199 son demasiadas recetas para la felicidad. Yo tengo una sola: respetar el dolor. Creo que la infelicidad viene de malentender la felicidad como una constante búsqueda de placer, porque si uno pone la vida en función de eso va a obtener una frustración muy grande.
El placer persistente embota los sentidos, adormece y llama a la inacción. Las personas expuestas al placer demasiado tiempo engordan y se vuelven estúpidas. Una razonable cantidad de dolor, en cambio, ayuda a mantenernos alertas y a investigar de dónde viene y a dónde conduce todo esto. De modo que uno debe ser capaz de mantener el equilibrio, sin exagerar en ninguno de los dos sentidos, aunque, por desgracia, casi nunca se tiene la posibilidad (o la capacidad) de elegir. Quienes se hayan pasado de tragos en las fiestas dieciocheras lo corroborarán.
Por otra parte, la víspera del 18 de septiembre, mientras mis compatriotas empinaban el codo, hice patria viendo la última película de Andrés Wood, La buena vida , y la encontré excelente. Tanto ésta como 199 recetas para ser feliz resuelven guiones que parecen no tener salida, en un final que nos deja con una sensación liberadora. Uno sale de la sala de proyección más tranquilo, y con ganas de seguir viendo cine chileno.
Wood se llama igual que Waissbluth: Andrés. Si la hermana de cualquiera de ambos se hubiera casado con el otro, habrían tenido hijos con los apellidos Wood Waissbluth o viceversa. Curiosa combinación fonética. Quizás llamarse Andrés y tener una W en el apellido sea una garantía de calidad cinematográfica.
domingo, septiembre 21, 2008
707. bocoy
La grabación es de 1989, creo.
Si no puedes escucharla en la caja, haz clic aquí
Bocoy (es un ron espantoso que tomábamos, mucho peor que el célebre Ron Silver)
Noche aburrida y solitaria
Coro: Bocoy, bocoy
Para el Havana Club no hay baro (baro = dinero; no alcanzaba el $ para comprar Havana Club)
Coro: Bocoy, bocoy
Qué yucayo (es una marca de ron, igualmente mala) de qué carajo
Coro: Bocoy, bocoy
El whisky se paga en divisas (divisas = dólares)
Coro: Bocoy, bocoy
9.80 más el envase (es el precio que tenía el bocoy en los establecimientos estatales)
Coro: Bocoy, bocoy
Si a tu cerveza le hecan agua (era común que los vendedores le echaran agua a la cerveza para hacer dinero con la diferencia)
Coro: Bocoy, bocoy
Saca el recipiente de bocoy que me retiro (paráfrasis de una canción salsera, de un grupo que se llamaba “Dandén”)
Si no puedes escucharla en la caja, haz clic aquí
Bocoy (es un ron espantoso que tomábamos, mucho peor que el célebre Ron Silver)
Noche aburrida y solitaria
Coro: Bocoy, bocoy
Para el Havana Club no hay baro (baro = dinero; no alcanzaba el $ para comprar Havana Club)
Coro: Bocoy, bocoy
Qué yucayo (es una marca de ron, igualmente mala) de qué carajo
Coro: Bocoy, bocoy
El whisky se paga en divisas (divisas = dólares)
Coro: Bocoy, bocoy
9.80 más el envase (es el precio que tenía el bocoy en los establecimientos estatales)
Coro: Bocoy, bocoy
Si a tu cerveza le hecan agua (era común que los vendedores le echaran agua a la cerveza para hacer dinero con la diferencia)
Coro: Bocoy, bocoy
Saca el recipiente de bocoy que me retiro (paráfrasis de una canción salsera, de un grupo que se llamaba “Dandén”)
sábado, septiembre 20, 2008
706. expo arte y bicicleta
Desde el 9 al 16 de noviembre se realizará el 3º Festival Internacional de Bicicultura de Santiago, este año bajo el lema "Energía humana para cambiar la vida".
En este contexto lanzamos la Convocatoria a artistas a presentar obras a la Expo Arte y Bicicleta 2008. A partir del lunes 22 de septiembre, hasta el viernes 31 de octubre de 2008, pueden enviar sus trabajos y participar de esta exposición colectiva.rtistas colaboradres arriba señalados. Las obras se clasificarán según formato o categoría. Podrán participar tod@s l@s artistas chilen@s o extranjer@s sin excepción, residentes en cualquier lugar del mundo que adhieran a la causa pro-bicicleta.
La temática principal debe ser la bicicleta y su relación con las personas y la ciudad.
Se recibirán obras en las siguientes disciplinas y formatos:
Cuentos y poemas
Canciones
Pintura, Escultura, Grabado, Instalaciones, Fotografía, Arte digital
Videos documentales, de ficción o animación
Bases y convocatoria en www.bicicultura.cl
miércoles, septiembre 17, 2008
705. los "Logros" de Ricardo Lagos
1. se negó a enviar tropas a Irak, enfrentando presiones de todo tipo.
2. le paró el carro a Bush en la APEC, en Stgo.
3. le puso un royaltie a las mineras extranjeras.
4. Abrió La Moneda al tránsito peatonal.
5. inventó el ministerio de la cultura.
6. reformó la constitución de Pinochet.
7. puso a Bachelet en el ministerio de defensa.
8. controló la crisis del gas.
9. llevó adelante el plan AUGE para la salud.
10. inventó a los pingüinos, fomentando la participación estudiantil a través de los consejos escolares y el currículum de la enseñanza media.
Son las que alcanzo a recordar ahora. No puedo seguir, tengo que trabajar.
domingo, septiembre 14, 2008
704. qué sabes de cordillera
Estoy seguro de que la economía del país crece más cuando la cordillera se ve espejeante después de un día de lluvia, porque las personas que la miran son más felices y rinden más en su trabajo. Ninguna otra capital puede ofrecer esta vista, y por lo mismo es el ícono que se fija más concisamente en la memoria cuando se viaja fuera de Chile. Con justa razón se le menciona en nuestra canción nacional y cuando los viajeros regresan se levantan de sus asientos en el avión para admirarla. Yo, de hecho, viví mucho tiempo fuera de Chile y, a veces, como un tic nervioso, vuelvo la cabeza hacia el este para cerciorarme de que las montañas siguen allí.
Aprovechando estas fechas uno puede imbuirse de cierto fervor patriótico y recordar que son las mismas montañas que vieron los próceres de la independencia y los pueblos originarios que habitaron este suelo. Su influjo puede estimularnos, además, si las observamos con espíritu de geólogos. Es maravilloso tomar conciencia de la fuerza con que se han elevado, producto del apachurramiento de la placa de Nazca contra la sudamericana. Nuestro continente se aleja de África varios centímetros por año, y así, probablemente en algunos millones de años más (dando por sentado que el planeta no haya sido devorado por un agujero negro fabricado en Suiza), nos habremos acercado lo suficiente a Asia como para volvernos karatecas.
Raúl Zurita le dedicó algunos de sus mejores versos a la cordillera, Neruda escapó hacia Argentina a través suyo y a Patricio Manns le sirvió como tema para poner –cosa nunca después vista– en el primer lugar de los rankings musicales una canción de raíz folclórica.
Sin embargo, mientras el gobierno está empeñado en promover nuestra “imagen país”, las montañas son cada vez menos visibles debido a la sobrepoblación de edificios enormes, semejantes a colosales y monótonas esculturas de Mondrian, llenos de departamentos de veinte metros cuadrados, con paredes tan delgadas que un mosquito podría taladrarlas para picar al vecino.
Un estudio publicado la semana pasada da cuenta de cómo, rediseñando la arquitectura de una escuela de Puente Alto, se logró disminuir sus índices de matonaje escolar. Es una buena prueba de que la arquitectura incide en la calidad de vida y el comportamiento de las personas, y puede servir para bajar la violencia, pero también para atizarla, si se la usa inadecuadamente. Esto último ocurre cuando una o dos personas con poco cerebro y mucho dinero ponen un mamotreto de cincuenta metros de alto en la vía pública sin presentar un estudio de impacto ambiental.
Cuando estaban por destruir la manzana del cine Las Lilas, hice una vaca con unos amigos para pagarle a una bruja que, según nos informó, podía maldecir las cañerías de los nuevos edificios que se construyeran allí. Nos cobró cuarenta lucas y dijo que trabajaría desde su casa. No tengo forma de saber si fuimos estafados. En todo caso, otra bruja que supo de tales gestiones se ofreció a hacer un trabajo gratis. Dio varias vueltas a la manzana murmurando algo. No entiendo nada de brujería, pero estoy ansioso por ver los resultados.
Aprovechando estas fechas uno puede imbuirse de cierto fervor patriótico y recordar que son las mismas montañas que vieron los próceres de la independencia y los pueblos originarios que habitaron este suelo. Su influjo puede estimularnos, además, si las observamos con espíritu de geólogos. Es maravilloso tomar conciencia de la fuerza con que se han elevado, producto del apachurramiento de la placa de Nazca contra la sudamericana. Nuestro continente se aleja de África varios centímetros por año, y así, probablemente en algunos millones de años más (dando por sentado que el planeta no haya sido devorado por un agujero negro fabricado en Suiza), nos habremos acercado lo suficiente a Asia como para volvernos karatecas.
Raúl Zurita le dedicó algunos de sus mejores versos a la cordillera, Neruda escapó hacia Argentina a través suyo y a Patricio Manns le sirvió como tema para poner –cosa nunca después vista– en el primer lugar de los rankings musicales una canción de raíz folclórica.
Sin embargo, mientras el gobierno está empeñado en promover nuestra “imagen país”, las montañas son cada vez menos visibles debido a la sobrepoblación de edificios enormes, semejantes a colosales y monótonas esculturas de Mondrian, llenos de departamentos de veinte metros cuadrados, con paredes tan delgadas que un mosquito podría taladrarlas para picar al vecino.
Un estudio publicado la semana pasada da cuenta de cómo, rediseñando la arquitectura de una escuela de Puente Alto, se logró disminuir sus índices de matonaje escolar. Es una buena prueba de que la arquitectura incide en la calidad de vida y el comportamiento de las personas, y puede servir para bajar la violencia, pero también para atizarla, si se la usa inadecuadamente. Esto último ocurre cuando una o dos personas con poco cerebro y mucho dinero ponen un mamotreto de cincuenta metros de alto en la vía pública sin presentar un estudio de impacto ambiental.
Cuando estaban por destruir la manzana del cine Las Lilas, hice una vaca con unos amigos para pagarle a una bruja que, según nos informó, podía maldecir las cañerías de los nuevos edificios que se construyeran allí. Nos cobró cuarenta lucas y dijo que trabajaría desde su casa. No tengo forma de saber si fuimos estafados. En todo caso, otra bruja que supo de tales gestiones se ofreció a hacer un trabajo gratis. Dio varias vueltas a la manzana murmurando algo. No entiendo nada de brujería, pero estoy ansioso por ver los resultados.
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