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martes, septiembre 30, 2008

710. ¡que nadie los separe!

Dos tipos fueron a encerrarse al baño de hombres de la escuela secundaria 26 de julio para arreglar cuentas. Algunos cómplices, no sabría precisar el bando, amenazaron con hacer picadillo al que se atreviera a separarlos. Los otros dos se estaban dando durísimo, sonaban los piñazos “¡puf, paf!”, hasta que se enredaron y empezaron a rodar por el inmundo y asqueroso suelo del baño. Me fui en ese momento, no quise seguir viendo el espectáculo.

La saga:

viernes, agosto 22, 2008

695. ¿quién se salvó esa noche?

Estábamos a las 2 am en algún punto de la circunvalación Américo Vespucio, a la altura de Gran Avenida. Dos tipos esperaban la micro como nosotros, al cabo de un momento uno empezó a sujetar al otro, que al parecer queria agredirnos. No había muchas señales, sólo que el otro lo sujetaba y él se quería soltar.

Era tarde en la noche y había tomado algo, por lo que me puse impaciente. Mi acompañante sintió la presión. Estuve un momento ignorando lo que pasaba a escasos metros porque mi cábala era no empezar una pelea. Finalmente los tipos se subieron a un taxi, me acerqué para pedirles un aventón. En realidad quería interactuar para darle la última portunidad al tipo de insultarme y lograr que la pelea fuera iniciada por él. Pero ya estaban encima del taxi y se fueron, el tipo gritó algo ininteligible. ¿Quién se salvó esa noche? Yo creo que él. Esto pasó en 1997.

La saga:

miércoles, julio 02, 2008

675. un sentimiento animal

Pablo era muy belicoso y estaba discutiendo fuerte con alguien, no pude ver bien su cara porque producto del apagón, la calle estaba iluminada sólo por la luna. Si hubiera recibido una paliza, la habría tenido bien merecida, pero Alá decidió otra cosa y Pablo, como dicen en Cuba, “le chocó la cara” al otro flaco. Se defendió bien el pobre pero había algo que no le funcionaba, o simplemente no tuvo suerte. En la confusión vi que andaba con uno o dos más. Ni sé en qué momento el Vladi partió como un tanque contra uno de ellos, que retrocedía rápido pero no lo suficiente como para salvarse de esa andanada de aletazos. Por su parte, el Vladi avanzaba como si no tuviera nada enfrente. Acto seguido tomaron la no tan sabia decisión de largarse a correr, el Vladi y Pablo salieron persiguiéndolos y Elio y yo perseguimos al Vladi y Pablo para que detuvieran la jarana.

Mientras corría se me despertó esa cosa animal de aprovechar la oportunidad de masacrar a esos tipos sólo por ejercitarme, era un impulso irracional. Lo sentí voluntariamente, quise golpear y hacer daño. Pero me duró sólo unos instantes. Recuperé la cordura y también a mis amigos Pablo y Vladi. Nos devolvimos y no recuerdo qué hicimos luego, pero debe haber sido algo divertido, porque la pasábamos muy bien en general.

La saga:

viernes, junio 27, 2008

671. silvio rodríguez, iron maiden, y armas blancas que no se usaron

Decía que era la noche de año nuevo de 1989, aproximadamente 23:00 hrs. Al pasar junto a un grupo de aborígenes estacionados cerca del paradero de la micro, me gritaron “Silvio Rodriguez”, porque llevaba una guitarra. Nos acompañaban varias mujeres, por lo que mi respuesta tenía que ser cautelosa para no ofenderlos demasiado y a la vez, demostrar un mínimo de firmeza que bajara su entusiasmo. Hice lo que pude. Ellos se alteraron y casi queda la grande, un caudillo se adelantó y yo me saqué la polera (wao), porque tenía un estampado de Iron Maiden que no quería estropear.

Pero nos estaban probando parece, y la indecisión de su caudillo los hizo vacilar. Eran como los perros que ladran cuando están tras una reja. En eso llegó nuestra micro (de esas tipo acordeón) y subimos, cosa que deben haber interpretado como un intento de fuga, pues dos de ellos nos siguieron: el caudillo y otro más. Estaba vacía en ese momento por tratarse de la primera parada; nos ubicamos en el fondo. Cuando los vi subir me puse en la mitad, bloqueando el pasillo con una mano en cada baranda, muy envalentonado por la anulación de su superioridad numérica. Se acercaban directamente a mí; cuando ya creía que íbamos a trabar combate, se agacharon y pasaron por debajo de uno de mis brazos. Extrañísimo.

Después se llenó el vehículo y me llegó el recado de que estaban armados. Mi hermano el Vladi tenía uno de esos pinchos que usan los negros para peinarse allá, pero se le perdió en ese momento. Cruzamos algunas amenazas, se bajaron varias cuadras más tarde.

En la fiesta se nos olvidó todo. El novio de una de las dueñas de casa se había quedado dormido, pero el Yoyi aseguraba poder comunicarse con él, decía que le había pedido que le cortara el pelo. Le llenaron la cabeza de salsa de tomates al pobre. Mi hermano el Sapo hizo una escena de cólera, clavó un cuchillo sobre la mesa y se cortó la mano. Luego le pidió a la novia del dormilón con salsa de tomates que lo acompañara a la clínica y pincharon.

La abuela de la dueña de casa preguntó dónde estaba su leche, provocando un estallido de risa, porque el malo del Yoyi se la había tomado. La dueña de casa se llama Sol, y Yamil, su novio, fue a reprendernos cuando nos íbamos. Pinestóteles (en realidad se llama Pinet, es su apellido), que tocaba una flauta azteca, recibió una reprimenda y nos recagamos de la risa. Yamil trató de llorar para parecer más enojado de lo que estaba pero no le resultó muy bien y provocó más carcajadas.

Lo último que supe de Sol y su hermana... ¿será posible que haya olvidado su nombre?, Magalys creo que es, es que se hicieron cristianas. En 1993 ya se habían separado del grupo, tenían amigos nuevos en la iglesia a la que asistían.

P.D: se llama Odalis, me lo recordaron hace poco.

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viernes, abril 04, 2008

604. Cuando dejé de ser púgil.

Debo aclarar por qué no soy más púgil y por qué escribo sobre mi experiencia como púgil. La segunda pregunta responde un poco la primera porque si siguiera siendo púgil no podría escribir sobre eso. La cosa es que un día no fui más púgil. Cuando niño no le encontraba ninguna gracia a las peleas, en parte porque siempre las perdía y en parte por un genuino carácter pacífico. Pero desde mi adolescencia en adelante poco a poco me fui convenciendo de que mientras más peleas tuviera, mejor sería mi formación como ser humano. Este estado de ánimo empezó a volverse extenuante y los últimos pugilatos me dejaron intoxicado. Quedaba muy nervioso, con insomnio, malestar general; sufría hasta el día siguiente y luego al subsiguiente era presa de un ataque de colon irritable, y sufría dos semanas más. Luego al recordar las peleas sufría de nuevo, incluso si no había sufrido en el momento. De pronto me empezó a pasar simplemente al tener pensamientos violentos: ya no tenía que meterme en problemas para sufrir como si los hubiera tenido. Y entonces como no soy masoquista, dejé de ser púgil. Qué alivio.

La saga: