lunes, septiembre 01, 2008

700. A bordo de un avión en 1973

A pesar de que no tenía militancia política, el poeta Oscar Hahn fue detenido poco tiempo después del golpe militar. Lo dejaron en libertad luego de diferentes tipos de apremios físicos y un simulacro de fusilamiento.

Sin embargo a los pocos días supo que estaba en lista de espera para volver a las mazmorras y se fue a esconder con sus suegros en Los Vilos (su suegro era muy amigo del capitán de carabineros del lugar). Desde allí postuló a una beca en los EEUU, pensando que viajar a ese país despertaría menos sospechas en las autoridades, puesto que se sabía que estaban deteniendo a mucha gente en el aeropuerto.

Llegó el día y Hahn subió al avión disimulando mal su nerviosismo. Una vez encima, contaba los minutos que faltaban para el despegue, pero la nave no se movía. Entonces subieron unos soldados de la Fuerza Aérea vestidos como si estuvieran en una guerra, con metralletas, casco, tal vez hasta con paracaídas, y el autor de Arte de Morir contuvo la respiración. El oficial que iba al mando gritó el nombre de alguien. Se levantó un señor que viajaba con su esposa y sus hijos. Los niños rompieron a llorar, ella trató de bajarse y él le pidió que se fueran. Los niños y la mujer siguieron viaje.

Ahora abandonamos a Hahn y nos concentramos en el señor que baja del avión con los militares. Me lo imagino como un hombre de mediana estatura, delgado, con patillas de acuerdo a la usanza de la época, despidiéndose de su familia, diciéndole a los niños lo que cualquiera de nosotros diría: que cuiden a su mamá y se porten bien y hagan las tareas.

La situación pasó. ¿Qué habrá sido de ellos? No lo sé. Sólo describo aquí la escena como un pintor que retrata un paisaje. Ella, los niños, él, separándose en un avión, que se separa de nosotros en la bruma del tiempo. Protagonistas de un fragmento de historia que se dispersa ahora, un instante que transcurrió y se mezcla con mil otros instantes en el recuerdo de una persona que escribe versos, que es tal vez Oscar Hahn recordando, o yo recordando a Hahn mientras me cuenta esta historia, o ustedes recordando estas líneas.

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miércoles, agosto 27, 2008

697. hay que votar por ellas

Atención, estas son las candidatas:
  • Por Santiago: Titi Viera Gallo
  • Por Ñuñoa: Maya Fernández Allende
  • Por Huechuraba: Camila Benado
  • Por La Reina: Josefa Ruiz Tagle

domingo, agosto 24, 2008

696. homo jipiens



Si no puedes escuchar la canción en la caja, haz clic aquí y escúchala en archive.org.

  • Grabación: Alamar, La Habana, Cuba, 1986
    • La canción es mía pero hay que considerar que tenía 17 años cuando la escribí.

      Homo Jipiens

      Soy un simple jipi sin educación
      me inicié por los 70 con los Rolling Stones
      no entiendo de poemas mas soy romántico
      no tengo religiones, yo soy mi dios
      mi filosofía tiene un nombre: se llama rock

      Sé cocinar, y hacer el amor
      no conozco de rutinas soy inmune al dolor
      con mi juventud y mi mal olor
      gústele o no, soy todo un señor
      Mi filosofía tiene un nombre: se llama rock

      Si me levanto con fiebre, por la mañana
      sólo me mejoro con la marihuana
      y para el catarro como medicina
      no he encontrado una mejor que la cocaína
      énterese idiotas es que soy, soy un jipi de hoy
      mi filosofía tiene un nombre, se llama rock (habíamos probado algunas cosas pero no cocaína en todo caso, y me arrepiento)

      No soy domesticable no sé obedecer (con error en la grabación)
      Tengo el pelo largo ya ún tiene que crecer
      No he pasado el servicio militar (varios de mis amigos trataban de capear el servicio militar por aquel entonces)
      no me fuercen por favor, no lo voy a pasar
      que quede bien claro que soy, soy un jipi de hoy

      Hace tiempo me persigue mi suegra de antaño
      pues le hice un chamaco a su hija de 13 años
      las extralimitaciones son un riesgo a correr
      y en la vida de un jipi los renos no se ven
      mi filosofía tiene un nombre, se llama rock
      dense cuenta de que yo soy, soy un jipi de hoy

      Concierto de Iron Maiden en Batabanó
      que vaya tu madre, no pienso ir yo
      las patadas propinadas con botas de cuero
      causan cicatrices en el trasero
      imbéciles vestidos de azul, no los deseo
      mi filosofía tiene un nombre, se llama rock (este párrafo se refiere a un viaje que hicimos a Batabanó a escuchar a Venus, la única banda de heavy metal que había en Cuba entonces. Era bastante buena. Los pacos metieron presos a casi todos los asistentes y nos trajeron de vuelta a La Habana en un bus. Más de uno recibió una buena tunda de golpes)

      No manejes un Lada por la ocho vías (aquí aludo a una persecución automovilística que sufrimos, una vez que nos sorprendieron robando bencina. Los pacos nos persiguieron durante una hora desde El Cotorro hasta Alamar. Iba manejando yo, tenía 16 años. Es una historia un poco larga).
      No te sientes en los muros, no te pongas tubos
      no salgas a la calle cuando se acabó el día
      y si usas gangárreas, menos todavía
      puedes tener problemas con la policía
      mi filosofía tiene un nombre, se llama rock
      oh rock, heavy metal, rock, heavy metal

      viernes, agosto 22, 2008

      695. ¿quién se salvó esa noche?

      Estábamos a las 2 am en algún punto de la circunvalación Américo Vespucio, a la altura de Gran Avenida. Dos tipos esperaban la micro como nosotros, al cabo de un momento uno empezó a sujetar al otro, que al parecer queria agredirnos. No había muchas señales, sólo que el otro lo sujetaba y él se quería soltar.

      Era tarde en la noche y había tomado algo, por lo que me puse impaciente. Mi acompañante sintió la presión. Estuve un momento ignorando lo que pasaba a escasos metros porque mi cábala era no empezar una pelea. Finalmente los tipos se subieron a un taxi, me acerqué para pedirles un aventón. En realidad quería interactuar para darle la última portunidad al tipo de insultarme y lograr que la pelea fuera iniciada por él. Pero ya estaban encima del taxi y se fueron, el tipo gritó algo ininteligible. ¿Quién se salvó esa noche? Yo creo que él. Esto pasó en 1997.

      La saga:

      sábado, agosto 16, 2008

      692. la playa nudista del inconsciente

      Retrocediendo en la bibliografía de Óscar Hahn, descubrí con asombro científico que el primer verso del primer poema de su primer libro condensa en una sola palabra lo que sería luego el combustible esencial de su obra: “Muerte”.

      Hasta ahora siempre había puesto a Paul Celan como ejemplo de una entrada elegante en la literatura. “Una canción en el desierto”, el mejor poema que escribió en su vida y uno de los mejores que se han escrito nunca, está ubicado estratégicamente en la primera página de su primer libro. Su obra posterior contiene, eso sí, pocos versos buenos por unidad de volumen. Podríamos decir que llega a 0,7 versos buenos por poema y a 0,3 poemas buenos por página. Ese bajo nivel se debe a su abuso de la técnica de la “cabeza de pescado”, consistente en escribir disparates que los estudiosos puedan dotar de cierto carácter oracular. Hay gente que encuentra mensajes cifrados en la escritura automática. A mí me aburre esa práctica, aunque no la censuro.

      Podría construirse un subgénero literario a partir de los primeros versos publicados. Si miramos en el barrio, el comienzo de Neruda no lo hace mal: “He ido bajo Helios, que me mira sangrante”. No pude encontrar el primer verso de Parra; en internet no está disponible su Cancionero sin nombre , y no me atreví a preguntarle a mis colegas por miedo a que me tildaran de ignorante.

      Tengo a mano otros primeros versos de, por ejemplo, Diego Maquieira: “La realidad tiene más imaginación que yo”; Enrique Lihn: “Algunas sombras languidecen y mueren”; Alejandro Zambra: “Los barcos regresan esta noche”; Leonardo Sanhueza: “La tarea del azar consiste en construir buenos refugios”; Adán Méndez: “Con todo esto tan en boga de la partícula subatómica”. Todos rezuman ese je ne sais quoi que nos hace interesarnos en el segundo verso, pero no tienen una relación tan compleja con el resto de sus obras como la del primer verso de Hahn, que, por lo mismo, podría compararse con la materia reunida en el primer nanosegundo después del big bang.

      Un ex alumno de Miguel Castillo Didier me dijo que el comienzo de la Ilíada, “Canta, oh, diosa, la cólera del pelida Aquileo”, parte en realidad con la palabra “cólera” en el griego original. Ése sería otro buen ejemplo de big bang, aunque la naturaleza semidivina de su autor lo excluye de nuestra lista.

      En conjunto, la obra de Hahn se asemeja a la red del alumbrado público de una gran ciudad. El entramado con que sostiene las ideas brillantes de sus poemas, como en “Cuando los muertos salen de los espejos” o “En la playa nudista del inconsciente”, los convierte en delicados mecanismos que capturan la mente y la conducen de un verso a otro con la precisión de un reloj. Se podría decir, literalmente, que “funcionan” y, por su lógica impecable y caprichosa, me
      recuerdan las pequeñas réplicas de la cosmología de Ptolomeo que se usaban para enseñar el mundo en los tiempos de los navegantes portugueses. A mí me han guiado, tal como las estrellas guiaban a los marinos de entonces, y espero que hagan otro tanto con los integrantes del jurado que la próxima semana dirimirá el Premio Nacional de Literatura.