lunes, marzo 11, 2013

Lugares poéticos

Hay una capilla al final de Teatinos, llegando a la Estación Mapocho. Tiene un aire lúgubre, que es neutralizado durante el día por el ajetreo de los automóviles. A mí me impresionó mucho, había pasado muchas veces por ahí sin verla, hasta que la descubrí una noche en que iba por casualidad pensando en la muerte.

Nunca la he visto abierta ni con gente; y refleja muy bien una idea romántica que suele tenerse de la muerte, con la cual no comulgo para nada pero que es de todas maneras bonita. Es esa visión oscura, un poco ingenua, triste, como sacada de una postal antigua, algo así como el recuerdo de un paseo por un cementerio en desuso. Cuando me topé con ella estaba pensando justamente en esa concepción de la muerte; es como una escafandra que uno se pone de repente para pasarlo bien, para pensar de una determinada manera, sólo por jugar y no porque uno piense realmente así.

Entonces iba caminando, me había puesto la escafandra de esa idea particular de la muerte, y me encontré de golpe con esta capilla, fue muy bonito para mí, muy liberador. Hay otros lugares que me resultan bonitos pero por razones personales, biográficas. En este caso se trata de un punto geográfico que reúne todos los requisitos, más allá de que tenga que ver con un par de horas de mi biografía, para ser un lugar objetivamente poético. Sobre todo de noche; de día no lo es para nada. Y el hecho de que estos lugares estén desiertos los hace más poéticos; no hay personas que puedan distraer tu atención, por lo que puedes fijar tu energía más libremente, escuchar el eco de tus pasos, y reparar en el resto de los detalles en que reparamos los que solemos caminar de noche en Santiago. O solíamos, mejor dicho, porque hace un par de años que me desplazo en bicicleta.

Yo creo que uno inventa un poco estos lugares, y lo hace porque los necesita para proyectar desde adentro de sí una imagen en un data show imaginario. Lo veo de un modo parecido al mecanismo de las antenas, que captan determinadas señales en desmedro de otras, para poder ofrecer una imagen coherente. Entonces estos lugares tendrían una función parecida, que sería la de permitir que uno pueda sacar una imagen interior y traducirla al lenguaje de las emociones, lo que, con un poco de práctica, puede derivar luego en uno o dos poemas.

En general hay formas y colores que te hacen pensar de una determinada manera o de otra. En este caso como se trata de lugares, hablamos de una combinación de formas, colores, factores climáticos, y entorno, sumados a la historia, en algunos casos, que te permita proyectar determinado tipo de pensamientos que solamente puedes proyectar allí y no en otra parte.

Lugares Poéticos: 49 poetas chilenos eligen 49 lugares poéticos / 
Foramen Acus 2010 pág. 22 / 
Compiladoras: Cecilia Castro y Rosario Garrido

lunes, octubre 08, 2012

La foto pilucha

(Prólogo de "La Foto Pilucha", edición de La Nueva Gráfica Chilena hecha a partir de auto retratos de personas desnudas).

Me gustaría, antes de definir mi posición final respecto al uso artístico del cuerpo, estudiar mejor lo que piensan los artistas que conforman el estándar contemporáneo. Me pongo el parche antes de la herida porque puede que mi opinión suene bárbara o conservadora. En general no suelo entender las performances, por ejemplo, pero me agradan cuando los artistas que las realizan son mujeres porque (esto lo digo con mucho respeto), acostumbran a desnudarse. Cuando se trata de la fotografía, mi atención se fija demasiado pronto en la sensualidad de la modelo como para dejar pasar alguna impresión estética. Por eso repruebo el empelotamiento como arte, aunque no podría estar 100% seguro de esto. Si lo que dije es muy grave podría eventualmente dar argumentos en sentido contrario. Ahora que lo pienso, no opino lo mismo de la pornografía pero no viene al caso explayarse en este punto.

Siguiendo con la idea anterior, jamás habría ido a fotografiarme con Tunick, por ejemplo, pero admito que me causó gracia la alta convocatoria que tuvo en Chile. No obstante, y esto es muy interesante, cuando Tomás Vega me sorprendió (al principio pensé que era una broma) entregándome una cámara para participar en este proyecto de foto pilucha, decidí dar un paso adelante. Me fotografié en el ascensor de mi edificio de entonces, durante la madrugada, vestido solamente con mi pipa. El rebote del flash en los espejos me aturdió momentáneamente y cuando las puertas se abrieron, en el piso 12, seguía inmóvil frente a mi imagen desdoblada entre los espejos y el rollo fotográfico. Mi mente se bronceaba en la playa nudista del inconsciente (Hahn dixit). Atiné a correr a mi departamento con la ropa bajo el brazo.