Esto pasó en 1998 si no recuerdo mal. Me estaba despidiendo de la Ale del Río y de un joven poeta porteño en el
puente Loreto. Andaban conmigo mi hermano Germán y otro joven poeta llamado Renato. Minutos antes me había burlado de un hombre rana que hacía el absurdo en la ribera del Mapocho. Eran la 1:AM aprox.
Dos furgones llenos de pacos se detuvieron junto a nosotros. Bajaron unos
12 efectivos y nos sacaron mugre y media a Germán y a mí. Sufrí mucho por no poder devolver el castigo, pero sabía muy bien que los hijos de puta buscaban una pequeña justificación para ensañarse con nosotros y dejarnos medio muertos en la
penitenciaría. Respiré hondo mientras contaba las patadas que recibía en el suelo como si fueran las ovejas que uno cuenta para quedarse dormido. Me cubrí la cara para no quedar marcado; exageré como un jugador de fútbol que recibe una falta. El que más gozaba era un paco medio gordito. Siempre el que más golpea a una persona amarrada o en inferioridad numérica es el más blando. Sufro cuando lo recuerdo a veces; después me voy calmando y cuando recupero mi estado habitual me siento más tranquilo y hasta un poco sabio.
Cuando nos subieron a uno de los furgones tenía el rostro deformado por la ira. Los pacos detuvieron a
Renato también porque había anotado la patente delantera del furgón (
Z-79) (
la trasera estaba cubierta con un trapo). Dentro del vehículo reinó un silencio glacial que sólo fue turbado cuando minutos más tarde subieron a dos cumas. Estos, sin pérdida de tiempo empezaron a exigir dinero a Germán y Renato.
La cólera me sumía en un lento éxtasis a medida que reflexionaba sobre la golpiza recibida. Tanto así, que cuando traté de decirle a los cumas que Renato y Germán venían conmigo, fui incapaz de pronunciar algo inteligible: temblaba y tartamudeaba como si tuviera fiebre. Fue tal vez eso lo que los llevó a faltarme el respeto y amenazar con hacerme
cooperar primero. Nos trenzamos a golpes en la oscuridad. Yo me rompí los nudillos; ellos se rompieron la cara. Uno quedó desecho, tuvieron que darle
7 puntos entre la ceja y el pómulo en la posta central. Fue el que peor salió, puse mucho cuidado en quebrarlo porque era más grande y había que dejarlo fuera de combate para que las cosas quedaran
1 contra 1. De todas maneras no entiendo cómo su amigo no perdió una muela en la refriega, le di con el alma pero tenía el hocico durísimo. Cuando los
pacos abrieron la puerta trasera todo había terminado. "Nada de clasistas" (Germán decía eso porque soy rubio) los pacos la emprendieron contra los cumas. Yo creo que fue porque ya se habían dado el gusto con nosotros. Nos dejaron en libertad a las 6 AM luego de pagar la fianza con la plata que no nos quitaron los cumas.
Mandé una carta al
Mercurio a la semana siguiente, puse a Bianchi de testigo. Los del Mercurio reenviaron la carta a la comisaría y los pacos llamaron a
Bianchi. Yo estaba muy afectado por la paliza y quería ver una vez más al gordito. Germán y la Ale del Río, testigos directos, me pidieron que no hiciera nada más para no meterse en problemas con la
policía chilena. Germán me achacaba parte de la culpa por haber vestido un poncho esa noche. (
Poncho = vestimenta latinoamericana muy usada por la izquierda en tiempos de la
UP). Mi plan era proponerle a los pacos que me dejaran 5 minutos con el gordito a cambio de desistir de mi denuncia. Un rato que fuera.
Olvidé decir que el hombre rana de quien me burlé al comienzo era un especialista del GOPE, supimos más tarde.