viernes, abril 04, 2008

604. Cuando dejé de ser púgil.

Debo aclarar por qué no soy más púgil y por qué escribo sobre mi experiencia como púgil. La segunda pregunta responde un poco la primera porque si siguiera siendo púgil no podría escribir sobre eso. La cosa es que un día no fui más púgil. Cuando niño no le encontraba ninguna gracia a las peleas, en parte porque siempre las perdía y en parte por un genuino carácter pacífico. Pero desde mi adolescencia en adelante poco a poco me fui convenciendo de que mientras más peleas tuviera, mejor sería mi formación como ser humano. Este estado de ánimo empezó a volverse extenuante y los últimos pugilatos me dejaron intoxicado. Quedaba muy nervioso, con insomnio, malestar general; sufría hasta el día siguiente y luego al subsiguiente era presa de un ataque de colon irritable, y sufría dos semanas más. Luego al recordar las peleas sufría de nuevo, incluso si no había sufrido en el momento. De pronto me empezó a pasar simplemente al tener pensamientos violentos: ya no tenía que meterme en problemas para sufrir como si los hubiera tenido. Y entonces como no soy masoquista, dejé de ser púgil. Qué alivio.

La saga:

jueves, abril 03, 2008

603. la muerte del "lubrillante"

“Luz brillante” era una marca de kerosén de antes de la Revolución (1959), que por su popularidad extendió su nombre al kerosén en general. Hoy en Cuba no se dice parafina ni kerosén, sino “Lubrillante”. A partir de eso, un humorista famoso llamado Armando Calderón bautizó con ese nombre a uno de los personajes de un programa que tenía en la TV. De ahí el mote pasó a Lázaro, el hermano menor de los Meriño, una familia de delincuentes de mi barrio.

En sus últimos meses Lázaro andaba deprimido, una amiga mía que trabajaba como fiscal presidió un juicio en su contra por robo de especies, o alguna otra ilegalidad. Ahora que recuerdo, otra amiga fue víctima de un intento de violación por parte de él. La llevó a un sitio eriazo, ella le dijo que mejor lo hacían a la buena, que podía desvestirse sin ayuda. Entonces lo empujó a un hoyo con todas sus fuerzas y salió corriendo. Y se salvó. No lo denunció por miedo, aunque de poco le habría servido porque Lubrillante hacía lo que quería en el barrio. Pienso en todo caso que la dejó ir.

Una vez otra chica con la que estuve me contó que su novio le había contado que en la cárcel le decían “La mulata en la pista”. Anda a saber.

Decía que una amiga había sido fiscal en un juicio en su contra. Al terminar la audiencia se puso a llorar como un niño y a rogar que no lo encerraran. A los dos meses murió. Se supo que unos amigotes lo habían invitado a conversar sobre un “negocio”. Cuando entró a la casa un tipo lo apuñaló. Y hasta ahí nomás llegó Lázaro, que por mucho tiempo tuvo la reputación de ser el más malo de mi zona. A veces sueño con él y siento pena.

miércoles, abril 02, 2008

602. de paseo por el centro

Una noche andaba con mis hermanos Barcaza y Leonardo Sanhueza y no recuerdo quién más por el centro, rumbo a los bares de Morandé donde nos reuníamos en 1996-7-8-9 para discutir de literatura. De repente Leonardo se tomó la cabeza, presa de una fuerte cefalea que lo aquejaba por aquellos días. “¿Qué le pasa?” preguntó alguien. “Yo creo que está un poco flaco”, dijo Barcaza.

martes, abril 01, 2008

601. evaluación docente

Una de las conclusiones más interesantes de la evaluación docente es la que dice que aquellos profesores que tienen mejores expectativas de sus alumnos, logran un mejor desempeño. Se midió preguntando a los profesores a qué nivel creían que llegarían sus alumnos, considerando una escala que va desde la enseñanza básica completa, pasando por la media completa y llegando hasta la universitaria.

Esto siempre se ha sabido pero no se había medido con anterioridad en nuestro país. La explicación de por qué sucede daría para muchas páginas, pero tres grandes verdades afloran aquí:

1. si convencemos a un niño de sus propias capacidades, tendrá mejores notas y aprenderá más.
2. para cumplir la premisa anterior es necesario convencerse de ella, esto es, debe confiarse en las capacidades del niño.
3. la confianza en las capacidades de los alumnos hace mejores a los profesores, y por añadidura los hace mejores personas. Por si fuera poco, les da mejores resultados en la evaluación docente.

lunes, marzo 31, 2008