sábado, junio 02, 2007

412. Maldiciones: el poder del lenguaje

“¡Jacques de Molay, has sido vengado!” dicen que se escuchó entre la multitud mientras la cabeza de Luis XVI daba botes en el empedrado. El ex monarca pagaba así las culpas, de acuerdo a la creencia popular, de su lejano pariente Felipe el Hermoso, quien había maquinado la muerte del último gran maestre de la Orden del Temple en 1314.

Hablé en el pasado de la maldición que lancé junto a algunos amigos sobre lo que piensa construir el grupo PENTA en la manzana del cine Las Lilas. Me he propuesto citar algunos de los antecedentes que me hicieron pensar que una cosa así era posible.

Volviendo al comienzo, probablemente Jacques de Molay sólo cantaba himnos religiosos mientras era cocinado en la hoguera, pero la mala fortuna que se instaló desde entonces en la familia real desencadenó muy pronto el rumor de una maldición. De hecho sus verdugos, el papa Clemente V y Felipe el Hermoso, fallecieron pocos meses después de su ejecución.

El folclore quiso poner algo de justicia para que la historia no sonara tan incoherente, porque nos cuesta aceptar que la maldad no tenga castigo. Aunque hay que admitir que la idea de la maldición encaja perfectamente con los hechos.

Más novelesca es sin lugar a dudas la maldición de Tutankamón, si bien la encuentro injusta. Como es sabido, casi todos los que participaron del descubrimiento de la famosa momia fallecieron en las condiciones más extrañas, empezando por Lord Carnavon, arqueólogo aficionado y financista de la expedición. El infortunado lord sufrió la picadura de un mosquito en la cara, que luego pasó a llevar al afeitarse. La pequeña herida creció hasta provocarle una infección generalizada que lo desfiguró, lo dejó sin dientes y le quitó la vida.

Sin embargo el egiptólogo Howard Carter escapó a la maldición y vivió hasta una edad avanzada. No así su canario, que tropezó con los colmillos de una víbora en su propia jaula, colgada sobre la tienda del investigador, en las cercanías de la tumba del faraón. Recuerdo haber escuchado en Cuba que convenía tener mascotas porque estas asimilaban la mala onda. De ser cierto, Carter habría sido salvado por su pajarito.

No he tenido tiempo de investigar sobre las maldiciones chilenas. Durante los 15 años que pasé en Cuba escuché noticias de maldiciones que tomaban la forma de brujerías o mal de ojo. Un joven, por ejemplo, de niño era sano y desarrolló una inexplicable joroba en la adolescencia; y un viejo amigo sufrió la pérdida total del cabello después de divorciarse: todo el barrio sospechaba de su ex mujer.

Lord Byron se jactaba de haber maldecido a un inglés estúpido que saqueó el Partenón a comienzos del siglo diecinueve, pero el infortunio de este comenzó un poco antes, creo, de que el poeta tomara cartas en el asunto: fue hecho prisionero por los franceses, su mujer se fue con su mejor amigo y quedó en la ruina económica: eso es tener mala cueva.
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Son conocidos los casos de largometrajes de horror que cargan con una especie de condena: las tres partes de Poltergeist y El exorcista están rodados de incendios y muertes accidentales. Por otro lado Raúl Ruiz me contó hace poco que en cualquier montaje inglés está vedada la palabra “Macbeth”: los actores se refieren a ella como “The scottish play” para no tentar a la desgracia.

Lo interesante de las maldiciones es que parten de la base de que el lenguaje tiene un poder mágico. Así, la de Jacques de Molay es pronunciada por éste en la hoguera y la de Tutankamón queda (supuestamente) inscrita en las paredes de su tumba. Y así entonces, si el lenguaje tiene efectivamente ese poder que se le atribuye, yo maldigo al grupo PENTA, y a todo lo que se construya sobre las ruinas de la manzana del Cine Las Lilas.

Publicado en The Clinic hace meses.

+ información: Con Maldición activistas defienden Plaza Las Lilas

viernes, junio 01, 2007

411. Los Portátiles

Así más o menos lucían Los Portátiles el 4 de octubre de 2004 en Teatro Camino, en la Peña de Los Muebles. De izquierda a derecha: Andrés Anwandter, Anita Sanhueza, Alejandro Zambra, el hermano de Cussen (olvidé su nombre, es un virtuoso de la guitarra) y Cussen (Felipe).

jueves, mayo 31, 2007

410. títulos y estudios

esto prueba que estudié y pagué algo de la carrera de Licenciatura en Composición en la Universidad de Chile. Cursé 5 años pero en los últimos semestres sólo podía tomar 3 o 4 asignaturas porque trabajaba tiempo completo. Sufrí. Está de más decir que me habría encantado terminar la carrera. Será en la próxima vida.

martes, mayo 29, 2007

409. por qué Malayo

Cuando niño era aficionado a la zoología y vi en un libro la fotografía de un oso atrapado por una culebra gigante, con la cabeza vuelta hacia arriba como si estuviera dando un alarido. El pie de foto decía: “el oso malayo no podrá sacudirse el abrazo de la pitón”. Quedé choqueado, era muy raro para mí ver que una culebra pudiera comerse a un oso. Hace unos meses leí en wikipedia que los osos malayos son del tamaño de un perro doméstico, lo que por fin explicó el misterio de esa fotografía que me impresionó tanto. Mientras escribía esto, recordé el comienzo del Principito, donde Saint Exupéry relata una experiencia muy similar, en este caso se trata de una boa devorando un elefante.

domingo, mayo 27, 2007

408. por qué este blog se llama Malasya

Me había juntado con unos amigos en un bar cerca de la Estación Mapocho a ver un campeonato de fútbol sub 20 o sub 23 que tuvo lugar en Chile (1996-97, creo) y que era clasificatorio para el mundial de la categoría, a realizarse en Malasia. Esa noche nuestro país resultó el mejor equipo del torneo a la inversa, esto es, de atrás para adelante, tras perder nada menos que con Venezuela 2/3.

Cuando sonó el pitazo final estábamos todos ebrios, se impuso un breve silencio y se me ocurrió decir: “lo que pasa es que somos malasios”, frase que se convirtió inmediatamente en el slogan de los parroquianos. Un poco por eso y otro por mi amor por las culturas exóticas, decidí ponerle Malasia a mi blog. Como el nombre con i latina estaba tomado le puse Malasya con Y.

Además resultaba armónico con mi nombre de Messenger, que siempre ha sido Malayo, pero las razones por las cuales me puse así son más oscuras.