jueves, enero 10, 2008

534. la moda ambientalista

Mientras comenzaba el debate generado por el documental de Al Gore se hicieron públicos los ofrecimientos de grandes empresas petroleras a científicos para que refutaran las evidencias del cambio climático. Pagaban 10 mil dólares por artículo. Por eso cada vez que leo o escucho personas dando los argumentos que esperan estas organizaciones me pregunto si habrán recibido un cheque.

Otros documentales, menos difundidos pero también menos creíbles, comenzaron a circular contradiciendo la tesis del cambio climático. Entre los argumentos que usan está el de que el calentamiento global es una industria, que el uso de combustibles fósiles no tiene relación con el efecto invernadero, e incluso llegan a culpar a los activistas ecológicos de la pobreza en África, al impedir una acción más libre de empresas mineras y petroleras que podrían traer prosperidad a la zona.

A pesar del indudable valor comercial del documental de Gore y de su marcado acento gringo y personalista, ¿Podría alguien desmentir el agujero en la capa de ozono y su relación con el aumento de casos de cáncer de piel en Chile, la merma en las poblaciones de merluza, reineta, y otros peces, la tala de grandes extensiones de bosques en el sur de Chile? Da exactamente lo mismo que el efecto invernadero tenga causas humanas o naturales; si está de moda ser ambientalista, no lo está lo suficiente.

domingo, enero 06, 2008

533. Brujos y santeros

La Habana, 1987

Mi primera experiencia con la santería tuvo lugar en 1987, en la casa de la abuela de mi novia de entonces. Varios vecinos se habían reunido en el living, en sillas dispuestas a lo largo de las paredes, formando un círculo – rectángulo.

Una negra sentada en el centro dirigió el procedimiento, hasta que un muerto se apoderó de ella y el flaco que la acompañaba tomó la batuta. “¿Quién eres? ¿estás ahí, fulana?” le decía cuando quedó inmóvil con los ojos cerrados (Silencio total).

Cuando estuvo claro que teníamos suficiente ancho de banda con el otro mundo, el tipo tomó del brazo a la señora y la guió a través de la pieza para que pudiera echar humo de tabaco y escupir ron sobre todos los presentes. Habría preferido menos generosidad.

De vuelta a su asiento, la señora, es decir, el muerto, empezó a aconsejar (con un fuerte acento africano) a algunas de las personas que el flaco traía al frente. Pronto me di cuenta de que el muerto estaba muy al corriente de todo lo que pasaba en el barrio. Con una sabiduría que sólo puede provenir del más allá, advirtió a una mulata que la mina de la casa del lado le quería levantar el marido. Wao.

A otra mina le dijo que le echara un poco de miel a los bolsillos de las camisas del novio para endulzar su relación. Vaya experiencia paranormal, puros líos de faldas.

Pidieron al muerto (es decir a la señora) que me diera un consejo; éste dijo: “Tiene que trabajar la obra espiritual”. Era lo que le decía a la gente que no era del vecindario.

La abuela de mi novia no quiso ser menos, de pronto nos dimos cuenta de que su cuerpo albergaba el alma de su difunta madre. Para asegurarse pusieron a uno de los conocidos de la difunta y le pidieron que lo reconociera. La vieja abrió los ojos, dijo su nombre y volvió a cerrarlos. No hay que culparla, era la primera vez que abandonaba nuestra dimensión.

Al final rompieron un coco en el suelo. El color blanco de su interior indicó al flaco y la negra que nuestras relaciones con el inframundo estaban en orden.

Saliendo de la sesión mi novia le dijo a mi suegro que habían “bajado” a su abuela.

“Pobrecita, con el frío que hace” (respondió éste).