martes, febrero 14, 2006

151. Malayo púgil II: 3 derrotas ejemplares.

1982
He sufrido derrotas humillantes, pero ninguna como la que me propinó un tipo que vivía en el edificio contiguo al mío en La Habana. No me voy a extender mucho en esto. Discutimos varias veces hasta que decidí que era tiempo de resolver nuestras diferencias con las manos. Fui el que comenzó pero le perdí el rastro a mi adversario; de repente sin entender cómo ni por qué, vi los últimos pisos del edificio, las nubes, y enseguida los bancos de la vereda: había sido proyectado contra el suelo.

Estaba peleando con un judoca. Había llovido y había barro por todos lados. Nos separaron, nos levantamos, simulé resignación y me abalancé luego sobre él sin previo aviso para volver a caer en el suelo, aunque esta vez con mejor fortuna. Fue frente a todo el barrio. Joder, qué injusticia.

Durante largos años esperé mi revancha, los dos crecimos mirándonos de reojo. Él estuvo dos años en Angola, volvió. Tuvimos algunas escaramuzas visuales pero nada pasó finalmente. Hoy sería ridículo guardarle rencor, principalmente porque ha cambiado mi opinión sobre las grescas callejeras.

1985
Con un compañero de colegio que medía el doble que yo en el internado donde estudiaba. Fui torpe en empezar la pelea y negligente en terminarla. Me lo tengo merecido. Además no era mala persona el tipo.

1989
Fue una noche en la cola de la micro en Cuba. Iba con mi hermano Sapo. Tuve una diferencia con unos tipos al subir; el más enojado de ellos me desafió a un combate singular. Acepté inmediatamente porque algunos meses antes había decidido que era "guapo" (bacán, choro, duro, etc).

Descendí del vehículo primero y volví la vista para saber del otro sin haberme alejado lo suficiente de la puerta: ERROR - ERROR - ERROR - ERROR; él bajó aprovechando la diferencia de altura para mandarme un gancho al mentón. Después rodamos en el suelo y el cabrón quedó sobre mí. Pedí prestadas unas fuerzas del más allá para salir de esa posición que me condenaba a una golpiza sin precedentes. Me avergüenza decirlo pero llegué a morderle una mano: tal era mi desesperación. Por suerte el conchesumadre se había agotado con las vueltas en el suelo. La saqué mal pero pudo haber sido mucho peor. Cada uno de nosotros partió por su lado, él cantando victoria, yo cabizbajo.

5 comentarios:

Andres Waissbluth dijo...

En alguna emisión de tu programa con crisis, deberían boxear, le encanta.

gumuciofuguetfuguetgumucio dijo...

malayo, malayito

paso la vida solito

malayo malayito

tomando vino tomando vino


(versión befa, remplazo del último verso:

chupando pico

(de alguien que salga por ahí, consejo: marquitos h la lleva
(además, somos todos amigos
hasta de los párrocos!)

G.P dijo...

eran los (___...)

ochenta. en el troley o en matucana

(no en el central, no en el liguria)

ENTRE FAUNA Y MEDIA
(supieran un par de nombres) circulaba una
"musa"
como decían los reventados de ese tiempo.

era bella (DOY FE)


seguro
le queda
algo de eso.

Anónimo dijo...

ojalá le quee algo. esa era la gorda, como le llaman ustedes

JC dijo...

jajaja he visitado varios blogs esta noche insomne, este es el primero con el que consigo reír.
Saludos,
jc