martes, febrero 06, 2007

351. literatura infantil en sociedad


Olvidé el nombre de esta escritora brasileña, ganadora del premio Hans Christian Andersen de literatura infantil. La fui a entrevistar (hace dos años, creo) y fue súper descortés conmigo. De pronto sonrió pero no de una manera normal, sino como si la hubieran golpeado en la cara con un bate de béisbol que tuviera una sonrisa grabada en relieve. Me doy vuelta: era la subsecretaria de educación María Ariadna Hornkohl, que venía a saludarla. Wao.

7 comentarios:

Anónimo dijo...

¡Ululación! No puedo creer que el alfilerillo Pitt daría para arriba Jennifer Aniston. Significo, realmente le consiguen ser una perra para que le consiga lejos de ella.

Anónimo dijo...

no sé por qué el campo de la infancia está lleno de imbéciles, pero es así, supongo que todo tiene que ver con el poder

Imbecil dijo...

Todo el mundo está lleno de imbéciles, imbécil

Anónimo dijo...

Es increible como el poder y la fama provoca actitudes insolitas en la gente

Anónimo dijo...

Domingo 4 de febrero de 2007

PÁGINA ABIERTA
En territorio peligroso

Camilo Marks





Si bien es ineludible que falten algunos nombres, este libro da cuenta, casi siempre, de poetas y poetisas que merecen ser leídos y destacados. Diecinueve es un valioso ejemplar de la mejor lírica que hoy se practica en Chile.

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Por Camilo Marks

Diecinueve es una cifra bastante arbitraria, sobre todo si se trata de una antología de poetas chilenos de los años 90, década que, junto a la actual, ha visto surgir a centenares de jóvenes autores líricos. Sin embargo, Francisca Lange tiene pleno derecho a elegir a quienes desea, porque seguramente los conoce más, o los prefiere a otros o bien decidió discriminar entre la plétora de estridentes, plácidos, mercuriales, sui generis, originales creadores que, como un ciclón, han irrumpido en la escena literaria nacional. En general, su opción es notable, fina, atrevida - tal como lo son los artistas seleccionados por ella- y si bien es ineludible que falten algunos nombres, este libro da cuenta, casi siempre, de poetas y poetisas que merecen ser leídos y destacados.

También es digna de resaltarse la sustancial introducción, ni muy larga ni muy corta, debido a que se interna en las turbulentas aguas de la historia reciente, pone el dedo en la llaga, emite juicios que pocos críticos plantean y toma posiciones claras con respecto a los "niños de los ochenta"; ellos fueron los primeros que nacieron con el televisor prendido, en un mundo esquizofrénico marcado por la dictadura castrense, cuya "organización se construyó sobre una compleja lógica sustentada en el terror y la imposición, así como en la obstinación progresiva de un grupo de militares y civiles que fueron capaces de aprovechar la situación política y económica mundial e insertarse en medio del avance capitalista". Si bien su estilo peca de cierto carácter quirúrgico, de una aridez tan propia de los estudiosos de la literatura, jamás desciende a la jerga incomprensible y eso, hoy por hoy, debe agradecerse. En síntesis, Lange abjura del método generacional - pues él impide la comprensión profunda de los trabajos seleccionados- ; acusa a las directrices culturales que se tradujeron en la tutela burocrática, el disciplinamiento, la funcionalización en pro del mercado, la despolitización; valora la búsqueda de nuevos lenguajes; distingue la influencia del multifacético Enrique Lihn, quien, con la poesía situada, ejerció un ascendiente decisivo en estos escritores y relativiza la transición democrática, que amplió el ámbito editorial para la narrativa, manteniendo a la escritura lírica como un territorio peligroso.

Entre los escogidos, en estas mismas páginas hemos comentado, de modo favorable, Marulla, de Juan Cristóbal Romero y Tres bóvedas, de Leonardo Sanhueza. En cambio, muchos otros han sido accesibles únicamente mediante amplios compendios o, tal como lo señala Lange, porque la crítica de poesía es, en el presente, escasa o cuando uno tiene estos libros, no se presentan las oportunidades para analizarlos. Son los casos de Javier Bello, Cristóbal Joannon y Matías Rivas, a quienes Lange dedica numerosas páginas, por lo general de muy buenos poemas. Bello ha publicado seis títulos y es uno de los bardos más prolíficos y dotados de su generación. En Diecinueve hay una espaciosa contribución suya, sobresaliendo "La jaula de los espejos", "La jaula de la verdad" y "Jardín con miedo". Joannon tiene a su haber tres poemarios y los 18 textos aquí incluidos presentan altibajos, aun cuando, en definitiva, su calidad está fuera de duda. Rivas es demasiado reticente para ver sus obras impresas y sólo ha aparecido Aniversario y otros poemas, pero este volumen entrega varias piezas inéditas. La regla de oro al comentar recopilaciones genéricas, con diversos vates, es abstenerse de citar versos, aunque la tentación de transcribir un pasaje de "Señora Gabriela Mistral" es invencible: "Nadie se espanta, sin embargo con las/cascadas de letras que aterran el decir./Nadie sumerge su cara en el agua quebrada/de su lirismo de veguina del Siglo de Oro".

Julio Carrasco y Adán Méndez son, quizá, los más "consagrados" en torno al barullo, la confusión, el frenesí de estos años; del primero hay excelentes poesías de sus colecciones El libro de los tiburones y Sumatra; de Méndez tenemos porciones de la premiada Antología precipitada y algunos fragmentos en preparación que pronto deberían ver la luz. Así, Diecinueve es un valioso ejemplar de la mejor lírica que hoy se practica en Chile.

Anónimo dijo...

que politicamente correcto el tal marks, podría haber hablado de otros seleccionados que son realmente malos, pero prefirio destacar lo que a él le parece bueno

Anónimo dijo...

a mí me gusta cuando habla de poetas y poetisas, o cuando dice que algunos tenen excelentes poesías.