martes, septiembre 05, 2006

268. Carmen

Conocí a Carmen en una casa que arrendaron unos amigos en la playa, donde llegué escapando de mi novia diabólica, a quien no me ataba ya nada que se parezca a la descripción que hace Spinoza del amor (“un voluptuoso cosquilleo acompañado de una representación externa").

Si Carmen capturó mi atención con la falda corta que vestía, cuando la vi en traje de baño logró alterarme el pulso. Siempre sospeché que era jinetera (prostitutas cubanas que se acuestan con turistas), pero nunca cruzamos media palabra al respecto.

Esa noche habría degenerado en una sesión de sexo colectivo si hubiera aceptado las propuestas de intercambio de parejas que me hacían los otros enfiestados. Todos querían con Carmen pero al menos esa vez tuvieron que conformarse con mirarla. Las chicas (Carmen incluida) tenían una actitud expectante, como si les diera lo mismo.

Éramos cuatro parejas, todos tiraban en el living a media luz y a ratos con la luz encendida. Huelga decir que yo estaba impresionadísimo, tenía 19 años y nunca había vivido algo así.

Llegué a mi casa dos días después con un moretón en el cuello, mi mamá había ido a poner un aviso a los pacos. Los pacos le insistían que se quedara tranquila: “su hijo está vacilando compañera”. En el barrio se cagaban de la risa. Claro que a mi novia diabólica no le hizo ninguna gracia. Gracias Carmen.

4 comentarios:

su-version dijo...

carmen-er-a
carmen-er-e
...

Anónimo dijo...

Qué aventuras las tuyas en Cuba hermano.

Anónimo dijo...

Y qué te dijo tu madre al volver todo machucado a tu casa?

La Artífice dijo...

Espléndida la definición de Spinoza.