jueves, septiembre 07, 2006

270. codazos en la pista de baile

Un conocido hit de la época dorada del chachachá cita en el estribillo la frase que repiten los árbitros de boxeo al comenzar una pelea: “no quiero codazos, ni tampoco cabezazos”.

Algunos bailarines, por suerte una minoría, deberían ser alertados con esa máxima antes de entrar a la pista de baile. Debería establecerse un código de conducta acorde al sentido común; defendemos nuestro metro cuadrado pero al mismo tiempo somos flexibles para dejar pasar a quienes entran o salen, los que a su vez deben comprometerse a no empujar ni tratar de desplazarnos.

No falta el exagerado que necesita media docena de metros cuadrados para desplegar la coreografía que ensayó en su casa, otros llegan tan borrachos que bailan dejándose caer sobre los demás. Pero las peores (la inmensa mayoría de las veces son mujeres) son las que te dan vuelta su piscola encima. Una incluso me arruinó una camisa con su cigarro. Vale, acepté las disculpas pero perdí una camisa.

Entonces por favor: traten de dejar el cigarro antes de entrar, y si llevan un vaso, que no esté lleno hasta el borde. El resto, sin codazos ni cabezazos.

7 comentarios:

Anónimo dijo...

Version Malayo:

Baila sin cesar, no lo arruienes todo.

Anónimo dijo...

Muy interesante el punto Malayo, eso me recuerda el decir de uno de los grandes presidentes de México, quizá el único con una innegable, aunque quiso negarla, ascendencia indígena, me refiero por supuesto al Buen Benito Juárez, quien dijera: "La Paz es el respeto al derecho ajeno".

Atte.
El Chancho Divino.

Lo contrario dijo...

Tejado de cristal

Todos hemos visto y muchos hemos sido victimas, cuando intentas bailar, como caes borracho sobre los demás, excepción de la regla en cuanto al genero; das vuelta sobre la multitud, torpemente tu siempre rebosante vaso de ron; y como tu puro arruina todo lo que sea de algodon, seda, poliester, lino, etc..

Pienso que se trata de un problema de concentración, por lo que serías el primero en quedar excluido de cualquier bailable, especialmente de los privados en tu depto.

Liberennos de nuestros liberadores

de látex dijo...

la pista es la selva, o un espejo más de los horrores. si ocupas tu espacio con demasiada displicencia te conviertes en pasillo, si te adueñas de él en prepotente. no hay como bailar sólo con mujeres: todo lo que era una no tan sutil guerra de encantos se transforma en desatada y feliz energía sexual sin destino, casi de color fucsia

huir dijo...

Después que el Camilo me contó lo de anoche en el concierto de Slayer... bueno...él mismo lo dice:
" estuvo la zorra el concieeeeertooo pero sí... se comportaban como cavernícolas, ¿porque tienen que ser tan cavernícolas?. De repente se me salió la zapatilla y me puse otra de otro loco que se le había salido...de pronto ví la mía en la mano de un loco que la iba a tirar pa cualquier parte y corrí y corrí a buscarla, maldito sea, metiéndome al slam a patá, loco y a combo...y me la puse...Después slayer tiró la uñeta y cayó al lado miiiiioooo loco, y la pisé pero no podía recogerla, pa recogerla tenía que levantar la pata, la levanté y el loco se tiró al suelo , me empujó y salió corriendo a toda raja con la uñeta..."
Después de eso...
Cristina

Puy dijo...

Julio::: no sé me ponga cuático.

En Colombia vi como se baila y chuta que estamos fomes, compañero.
Yo me entregué a que me enseñarán como se mueve el cuerpo al estilo Mar Caribe.

Compañero: movámonos todo el rato, asi nos tocamos y nos conocemos y después vaya a saber usted como le va.

Perdió una camisa, esta bien, pero quizás era una señal para que se la sacara.

Compañero: Lo insto a crear una fonda caribeña. Bacilando ay si, compadre julio, mira que las chiquillas estrenan zapatos nuevos pa' esta temporá.

Sonia Marcus Gaia dijo...

Malayo:

Sin comentar esta diatriba sobre el baile (que obviamente debió de tener algo de rumbón) me dediqué más a releer los comentarios de sus posts anteriores. Definitivamente, en esta noche calurosamente caribeña, a dos meses de mi regreso a Puerto Rico luego de permanecer en Santiago por tres tristes años, me suicidé, literalmente, de la risa con la guerilla literaria y la ácida discusión chilena. ¡Qué gusto volver a imaginar cómo se convertían (sobre todos en discusiones literarias y políticas) de niños serios e intelectuales al Hulk de las tirillas. No pensarás ni un momento cuánto extraño esto. Suena a sadomasoquismo, pero aquí entre nos, discutir entre misóginos, literatos y panfletarios es de lo más divertido. Es el vórtice y el vértigo en el mismo medio de un país largo. Es Chile mirando el mosquito en la pared con los ojos de Sartre.

Un gusto haber pasado por acá.

Sonia Marcus Gaia