martes, septiembre 26, 2006

280. prosa versus verso

El día que murió la dama / Frank O'Hara
Trad: Diana Dunkelberger y Marcelo Rioseco

el original

Son las 12:20 en N.Y. y es viernes
tres días después de la Bastilla, sí,
es el año 1959 y salgo a lustrarme los zapatos.
Tomaré el tren de las 4:19
llegaré a las 7:15 a Easthamptom
e iré directamente a una cena
aunque desconozca a la gente que me invita.

Camino por la calle, está brumosa y el sol comienza a brillar
me como una hamburguesa con un batido
y compro un horrible ejemplar del NEW WORLD WRITING
para saber lo que hacen, por estos días, los poetas en Ghana...


la fuente

Son las 12:20 en N.Y. y es viernes, tres días después de la Bastilla, sí, es el año 1959 y salgo a lustrarme los zapatos. Tomaré el tren de las 4:19, llegaré a las 7:15 a Easthamptom e iré directamente a una cena aunque desconozca a la gente que me invita.

Camino por la calle, está brumosa y el sol comienza a brillar, me como una hamburguesa con un batido y compro un horrible ejemplar del NEW WORLD WRITING para saber lo que hacen, por estos días, los poetas en Ghana...

7 comentarios:

juréquenoloharía dijo...

POEMA 520 /Emily Dickinson

Original

Me fui temprano -me llevé a mi perro-
a visitar el mar.
Las sirenas del sótano
salían a mirarme

y, en el piso de arriba, las fragatas
extendían manos de cáñamo,
creyéndome una rata
encallada en la arena.

No huí, con todo. Hasta que el flujo
me llegó a los zapatos
y al delantal y al cinturón
y enseguida al corpiño,

tal como si intentara devorarme
como a una gota de rocío
en una flor de diente-de-león.
Entonces salí huyendo.

Él me siguió. Venía detrás, cerca.
Sentía su tacón de plata
en mi tobillo y mis zapatos
rebosaron de perlas.

Los dos llegamos hasta el pueblo firme.
No parecía conocer a nadie.
me miró con dureza
y se fue, haciéndome una venia.


POEMA 520

Me fui temprano -me llevé a mi perro-a visitar el mar.
Las sirenas del sótano salían a mirarmey, en el piso de arriba, las fragatas extendían manos de cáñamo, creyéndome una rata encallada en la arena.

No huí, con todo. Hasta que el flujo me llegó a los zapatos y al delantal y al cinturón y enseguida al corpiño, tal como si intentara devorarme
como a una gota de rocío en una flor de diente-de-león.

Entonces salí huyendo. Él me siguió. Venía detrás, cerca.
Sentía su tacón de plata en mi tobillo y mis zapatos rebosaron de perlas.
Los dos llegamos hasta el pueblo firme.No parecía conocer a nadie.me miró con dureza y se fue, haciéndome una venia.

Anónimo dijo...

qué excelente el poema de emily d. Excelente excelente excelente. En prosa y en verso

felipe dijo...

fome

Anónimo dijo...

con el debido respeto: un poema muy débil.

Andrés Gómez dijo...

qué significa que un poema sea débil?
desde dómde hablas?

mariasoleda dijo...

obviamente los que dicen que es débil es porque: o no entienden de poesía o no saben nada de mujeres (más allá del clitoris y la vagina, claro)o ambas. Porque es innegable el valor de una imagen: "no huí con todo, hasta que el flujo me llegó a los zapatos..." para que voy a comentarlo, que el que lo entiende lo entiende y el que no, pues pa que perder el tiempo con el que no vio la imagen (que todo el poema gira en torno a ella) o solo vio a una mujer con la regla. Porque el poema te puede no gustar, ya, pero encontrarlo débil? pues no

Anónimo dijo...

a mi tampoco me gusta el poema. No tiene el nivel de otros poemas de la misma poeta.